jueves, 4 de diciembre de 2014

La cultura no es aire. Por desgracia.



No me gusta la nueva Ley de Propiedad Intelectual aprobada por el Partido Popular. Encuentro que la han redactado simios (y es dejar en mal lugar a los pobres simios) con un desconocimiento brutal acerca de lo que debe ser la red y de las posibilidades que nos ofrece. Pero no me entra en la cabeza que todo el mundo la critique argumentando algo que para mi es, si cabe, más de simios todavía; "Las series y el cine son un derecho y tienen que ser gratis para el que no pueda pagarlos".

Ver películas o series no es un derecho universal. Por desgracia. No estoy en contra de que así lo sea, soy el primero que piensa cada día en cómo democratizar la cultura (bajar el IVA, ofrecer ayudas al consumidor...) pero eso deberíamos decírselo a los señores que legislan para nosotros y no optar por tratar de legitimar el robo. Porque ver series o películas ilegalmente en la red, hoy por hoy, es robar a todas y cada una de las personas que hacen posible que existan. Y como no soy nadie para decir todo esto, puesto que yo mismo he robado alguna que otra vez, cito a Javier Marías, que me parece un señor muy top.

"Desde niño, desde que empecé a ir al cine y a leer libros, el placer que me provocaban esas dos actividades (lo mismo que oír música) fue tan incomparable que mi primera e instintiva reacción fue la de agradecimiento a quienes me las proporcionaban. A quienes ideaban y hacían las películas y escribían las novelas y componían o interpretaban o cantaba(...) Hoy lo he hecho extensivo a los responsables de las series de televisión que, mientras han durado o aún duran, me permiten pasar momentos extraordinarios de contento, emoción, diversión y saber. Se puede decir que por toda esa gente haría cualquier cosa, me pondría a su disposición para lo que necesitara, procuraría facilitarle su tarea y animarla a proseguirla. Lo último que se me ocurriría sería perjudicarla, no digamos privarla de sus ganancias.
De ese sentimiento parece quedar poco rastro en el mundo actual. A menudo nos encontramos justamente con lo contrario, el rencor. Rencor hacia quien “hace lo que le gusta y encima pretende cobrar por ello”. Rencor hacia “quienes se forran” con su talento. Como si algún artista obligara a nadie a consumir sus “productos”. La gente siempre ve, escucha, lee lo que le da la gana, con entera libertad. Y sin embargo está instalada –arraigada ya– la creencia de que todo eso ha de ser gratis. De que la cultura es como el aire, por el que a nadie se cobra (ya llegará); de que es una especie de “don natural” o “divino” que flota y al que todo el mundo tiene derecho … sin pagar. Qué se puede hacer ante semejante mentalidad, extendida y ufana, cuando no cargada de razón con “argumentos” tan demagógicos como peregrinos y reaccionarios. Nada. Ya lo dije al comenzar: no sé a santo de qué escribo este artículo."