Los artistas que hay detrás de los efectos visuales son sin duda la nueva materia prima de Hollywood. Recién llegados al cole, se han convertido pronto en los más buscados por los grandes estudios. Llegaron para hacer escenas que no podían ser rodadas con medios rudimentarios: Desde las batallas de El Señor de los Anillos hasta el efecto cómic de Zach Snyder (300, Watchmen). Llegaron, a fin de cuentas, para ser sinónimo de espectáculo, de efectos especiales y de cine palomitero.
Neo y el Agente Smith rodeados del típico verde-feo-pistacho-croma
durante el rodaje de la única buena de Matrix.
Tan rápida ha sido su inmersión en la industria que incluso películas enteras se conciben por y para aprovechar su existencia (Pacific Rim o Battleship). Incluso los cineastas más tradicionales se apuntan al juego, dando a luz cintas que hasta hace bien poco hubieran resultado imposibles; Gravity de Alfonso Cuarón o La vida de Pi de Ang Lee me parecen buenos ejemplos.
En La vida de Pi nos hicieron creer que un indio se perdía en el pacífico con un tigre,
cuando lo más trepidante que hicieron fue esperar la cola del Aquopolis.
El noble oficio del informador meteorológico. Uno de los sectores
más beneficiados por el avance del sistema de croma.
La increíble versatilidad de los nuevos efectos visuales permite suplir con ellos a un buen número de los tradicionales profesionales del cine: Localizadores y escenógrafos tienen cada vez menos trabajo, y es que el tiempo de las maquetas, las máscaras y los grandes escenarios está llegando a su fin. Una tela verde puede hacer las veces de Paris, de la sabana de África, de la Tierra Media o del océano pacífico. Y además, en medio del océano pacífico pueden meter meteoritos cayendo, una horda de trasgos montados en tiranosaurios y a Obama pilotando una nave espacial. Todo ello junto en la misma escena, aunque en guión sólo apareciese lo de los tiranosaurios.
A la izquierda vemos los materiales usados en el rodaje de la trilogía original
de Star Wars (1977-1981). A la derecha los usados en el rodaje
de la segunda trilogía. (2000-2005).
Lo que está claro es que estas nuevas técnicas están cambiando el modo de hacer cine. Desde la composición de planos hasta las técnicas de actuación, todo se adapta a contrarreloj para ser compatible con el atracón de efectos digitales. El gran lado positivo del asunto recae en la democratización que traen consigo los avances de este tipo. Mientras que montar un gran escenario o viajar hasta la localización de una secuencia costaba antes miles de dólares, el afortunado realizador que disponga ahora de unas cortinas y de dos focos, puede rodar su corto haciendo uso del software de turno.
Y para acabar, otro video en el que vemos a Leonardo rodeado de telas monocromáticas; Esta vez en el rodaje de El Gran Gatsby. Porque nunca está de más ver a Leonardo.






