jueves, 15 de mayo de 2014

Cierra el icono del Berlin Okupa

“Los ideales están arruinados, salvemos la ruina” así rezaba la primera pancarta que descolgaron de la casa okupa Tacheles los antisistema berlineses tras la caída del muro, en 1989, al tomar el que pasaría a convertirse en uno de los más famosos centros culturales y artísticos de toda la ciudad. Si bien es cierto que intentaron "salvar la ruina" durante años, finalmente han tenido que rendirse. La mítica casa, icono de la para algunos mal llamada subcultura europea, cedió hace unos meses a las presiones. Tuve la suerte de ser uno de los últimos visitantes. 

El aspecto de Tacheles cuando pasé yo por allí. No es el Palace
pero os garantizo que la gente era lo más.

Situada en pleno barrio de Mitte, en el centro de Berlín,  Tacheles saldrá finalmente a subasta tras una incansable lucha que ha tenido a sus habitantes en primera línea de combate desde hace casi 25 años.  Los pocos artistas que continuaban trabajando en el enorme edificio, entregaron voluntariamente las llaves hace dos semanas a los organismos municipales, y apenas unas horas mas tarde las dependencias fueron clausuradas. "Rechazamos la violencia. Hemos llegado al límite de nuestras fuerzas",

La historia del edificio me parece una verdadera locura. Lo que fue un centro comercial hasta la Segunda Guerra Mundial, pronto se convirtió en una enorme mole ruinosa situada el el mas denostado barrio del Berlin Oriental. Tacheles permaneció durante años abandonada al no tener la ciudad medios económicos para llevar a cabo las reparaciones oportunas. Tras la caída del muro en el año 1989, las autoridades deciden derribar el recinto, pero los primeros okupas se niegan a ello, convirtiendo rápidamente al lugar en el punto de referencia para pintores, escultores, diseñadores, músicos y artesanos de todo el país, que encontraron allí un remanso de paz y libertad creativa alejado del mundo. Paradójicamente, su fama creció en los años venideros, siendo poco a poco visitado por más artistas y amantes de la cultura callejera de todo el planeta, hasta el punto de pasar a convertirse en un referente turístico.

Este soy yo reflexionando en un muro Berlinés
junto a Schiller, Goethe y Albert Einstein.


Un cine, una enorme cafetería, salas de trabajo, recintos de exposiciones y talleres de creación e interpretación musical fueron conformando lo que pasaría a ser el emblemático recinto de Tacheles.

A finales de los años 90, en pleno auge de su actividad artística, una empresa constructora se hizo con la propiedad, que ocupa un espacio de 2.200 metros cuadrados. Planearon allí un enorme hotel, así como una serie de apartamentos. Un proyecto que parecía ser insostenible para la capital alemana, enormemente endeudada e incapaz si quiera de terminar las obras que tenía comenzadas. Por ello se llegó a un acuerdo que permitía a los okupas quedarse con la casa, siempre que se hicieran cargo de su mantenimiento y gestión.

Esto obligó a muchos a marcharse, y al resto a olvidarse de su riguroso oficio para invertir su tiempo en una tarea mucho más comercial, convirtiendo Tacheles en un lugar de cara al público; en palabras de sus miembros primigenios, "mas para turistas que para creativos". Querían así financiar sus gastos aprovechando el filón del turisteo y las visitas de los viajeros.



Gentes pasean entre las obras de los últimos artistas.
Tienen cámaras de muchos leuros pero no compran ni un dibu.



Ajenos a este acuerdo apalabrado, en la década de los 2000, el HBH Nordbank acabó haciendose con el solar tras la quiebra de la inmobiliaria, y comenzó así un lento proceso de desalojo. Durante el 2011, la mitad de los "okupados" decidió abandonar el edificio a cambio de dinero, concretamente un millón de euros.  El resto de los inquilinos quiso quedarse, rechazando la suma y alegando que poseían mas de 200.000 firmas de apoyo recogidas a lo largo de los últimos años que les servirían de ayuda en el momento del desahucio. Mis amigos firmaron. Yo mismo firmé. De nada sirvió aquello. Durante el verano, un tribunal alemán ordenó el desalojo de la sala de teatro y de las salas de exposiciones, los últimos recintos que quedaban abiertos.


Cientos de personas se congregaron por última vez a sus puertas el día de su clausura. En las pancartas podían leerse decenas de nombres de los artistas y artesanos que habían pasado por la casa para pintar, esculpir o exponer numerosas obras de arte. Según el gobierno regional de Berlín, unos 1.200 metros cuadrados tendrán uso cultural, lo cual no se ha tomado en serio por parte de los manifestantes, que saben que un ayuntamiento arruinado no puede perder la oportunidad de construir viviendas en el que pasa a ser uno de los solares mas rentables de toda la ciudad.