lunes, 2 de diciembre de 2013

Retrofuturo



No lo puedo evitar; guardo un amor especial por el retrofuturismo. Leo todo lo que cae en mis manos con una temática similar e incluso trato de aplicar sus premisas y recursos estilísticos en todo lo que escribo. Se conoce como retrofuturismo al conjunto de movimientos artísticos y creativos que basan su inspiración en el concepto que tuvieron del futuro los seres humanos de una época pasada. ¿Cómo imaginó tu abuelo que sería el mundo actual? ¿Y tu bisabuelo? ¿Qué percepción podía tener del futuro alguien que no solo no vivió la era de internet, sino tampoco la invención de la televisión?. La ciencia ficción y la publicidad han sabido hacer de estas poco conocidas pero reconocibles tendencias artísticas todo un mundo que poder explotar y al que recurrir para recrear mundos imposibles. El steampunk es tal vez mi corriente de retrofuturismo preferida. Creada ya en el siglo XIX, sería en los años 50 del siglo pasado cuando se pondría de moda. La máquina de vapor y la revolución industrial habían llegado a toda Europa. La producción industrial, la clase obrera, la icónica sociedad victoriana y sobretodo las obras de Julio Verne fueron las bases de un modelo que permitió imaginar un futuro basado en relojes mecánicos, barcos de vapor, nubes de hollín y sombreros de copa. En el cine, cintas como la genial Brazil de Terry Gilliam o la japonesa El viaje de Chihiro así como La invención de Hugo o la irregular Wild Wild West eligieron este estilo para enmarcar su trama. Más allá del cine, he podido disfrutar de la maravilla de los hombres de hojalata en videojuegos como Bioshock y Final Fansasy y en un sinfín de novelas gráficas. 


El cyberpunk es también un marco retrofuturista en el que me siento muy cómodo como lector y como espectador. La hipérbole del capitalismo tal y como la veían los autores de ciencia ficción antes de internet y del minimalismo del siglo XXI. Ciudades nocturnas excesivamente iluminadas y repletas de gente que malvive en sus calles. Tal vez sea el subgénero de retrofuturismo más explotado por el cine y la literatura. Un futuro dominado por las marcas y las corporaciones informáticas. Fue desarrollado especialmente durante la década de los 80, diría que mantiene hoy día su auge dentro de la ciencia ficción. Matrix, Terminator y por encima de todo Blade Runner o los comics de Akira son referentes de un estilo más que explotado en el mundo del cine. Leí a William Gibson algo así como "El Japón del siglo XXI simplemente es cyberpunk", así que puede que el subgénero en cuestión no se haya equivocado demasiado. 



Mi primer corto de la universidad se desarrolló en un marco atompunk; años 50. Guerra fría. American way of life, individualismo y Coca-Cola ante la amenaza soviética. A menudo tratado como el retro-futuristic art del "Qué hubiera pasado" si realmente se hubiese iniciado una guerra nuclear en aquella época. Anterior a la era informática y a los ordenadores personales, el Atompunk suele crear un modelo de futuro basado en el estereotipo americano como lucha contra el comunismo. Si el vapor originó el steampunk, la energía nuclear hizo lo propio con esta corriente. El futuro imaginado por Zemeckis y Spielberg para Regreso al Futuro II o la magistral Wall-E de Pixar son algunos ejemplos, aunque sin duda es el género de superhéroes el que ha explotado hasta la saciedad esta corriente (Watchmen, X-Men First Class o la primera trilogía de Superman). En el mundo del videojuego destaca un título por encima de todos; Fallout pasó hace unos años a ser una referencia en el concept art del retrofuturismo atómico y muchas obras menores intentar ahora copiar su modelo.


La lista de subgéneros es interminable (El Dieselpunk basado en el Art-Déco, el Retrotronics, el Space Age...). Lo que tengo claro es que el retrofuturismo es un refugio interesantísimo, cada vez más respetado y utilizado por los autores de ciencia ficción que, tomando como punto de partida nuestro imaginario social actual, beben de los miedos, convicciones y prejuicios de sus homónimos del pasado. 


viernes, 8 de noviembre de 2013

Cuando lo violento es bonito




“El cine es como un campo de batalla. Amor, furia, acción, violencia, muerte. En una palabra, emoción” Jean-Luc Goddard.

La violencia ha acompañado al cine desde sus inicios. Sin embargo ha ido variando en cuanto a su presentación tomando en según que épocas más o menos protagonismo para acabar siendo fuertemente reivindicada. Desde los 90 y hasta la actualidad se ha impuesto una estilización de lo violento a base del cine de lo espectacular y del reconocimiento de ciertos directores que han decidido hacer de la brutalidad su bandera. Quede claro que no estamos hablando del cine gore ni nada por el estilo y que lejos de opinar al respecto de los siempre polémicos dilemas morales que esto plantea voy a tratar de explicar que leches está pasando aquí y por qué nos molan tanto los mamporros.

La profesora Asun Bernárdez en su ensayo Violencia y cine, el sabor amargo de una fascinación, cuenta que entre los taquillazos de Hollywood y hasta los años ochenta sólo existía la representación de la “buena” y de la “mala” violencia. Es decir, sólo aparecía una violencia utilizada por los malos malísimos, y otra violencia utilizada por los buenos para reconstituir el orden social (imaginad a James Bond, Superman o Espartaco dando hostias a diestro y siniestro). 

Aunque no comparto del todo esta teoría porque pienso que omite grandes (y taquilleras) obras en las que la violencia no obedece a este patrón (A bote pronto pienso en El Padrino, La naranja mecánica o los western de Sergio Leone) si que creo que es en los ochenta y los noventa cuando el cine independiente norteamericano pone de moda lo que hoy conocemos como estilización de la violencia. Algo que por otro lado los asiáticos llevaban haciendo décadas sin que nadie les hiciera ni puto caso.



Si bien es cierto que durante los 50 surge en Hollywood la llamada Generación de la violencia con directores como Anthony Mann o Don Siegel, no es hasta finales del siglo XX cuando esta misma es reivindicada como un motivo "bello" o estético.  ¿Pero por qué ahora? ¿Por qué regodearse en la violencia a estas alturas? 

La mayoría de críticos coincide con que a los autores jóvenes les viene pillando lejos eso de las grandes guerras de principios de siglo y que por ello no tienen tanto reparo en mostrar la brutalidad humana como lo tenían sus padres y abuelos. Al mismo tiempo se les brinda la posibilidad de rodar con nuevos e impactantes avances técnicos por lo que pueden contar esa brutalidad desde un punto de vista estéticamente espectacular. Para rematar todo esto, parece que los simpáticos espectadores hemos perdido la capacidad de asombro a base de años de ver violencia en nuestras pantallas, así que se hace necesario un nuevo modo de abordar la misma. El antihéroe violento de Taxi Driver o la excitación con la que se trata el canibalismo en El silencio de los corderos son ejemplos prematuros de lo que está por llegar.

A principios de los 90, películas minoritarias y poco taquilleras entre las que destaca Reservoir Dogs pasan a ser aclamadas por la crítica. De la noche a la mañana tienen una influencia brutal en el cine comercial y en un periodo de solo cinco años inundan las pantallas cintas como El club de la lucha, Seven, Pulp Fiction, American History X, Asesinos Natos, Matrix, Four Rooms o Abierto hasta el amanecer. La fama de directores como Quentyn Tarantino, Oliver Stone o Martin Scorsese arrastra consigo a otros que basarán toda su cinematografía en la estilización de lo violento como Zack Snyder (300, Watchmen), Guy Ritchie (Snatch, RocknRolla) o Robert Rodriguez (Sin City, Machete).  

A pesar de ello no toda la violencia cinematográfica se ha tratado de embellecer. Lejos del blockbuster sigue existiendo una violencia tratada de un modo más real. Películas entre las que destacan por ejemplo Tesis de Amenabar, Funny Games de Haneke o Una Historia de violencia de David Cronenberg.

Cierro con una frase de un macarra, grosero y sin escrúpulos que resulta ser un genio del celuloide.

"La cámara se inventó para la acción y la violencia. (...) Claro que Kill Bill es una jodida película violenta, es que es una película de Tarantino. Uno no va a ver a Metallica y les pide que bajen el volumen de la música." Quentyn Tarantino.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Ceci n´est pas un blog de cine





Ceci n´est pas un blog de cine y stuff. Y a la vez si que lo es.

No me gustan mucho las presentaciones. Casi siempre las he aborrecido por insustanciales y faltas de contenido. No hay que fiarse nunca de las personas que hablan mucho de si mismas el primer día que se cruzan en tu camino. Supongo que por eso llevo faltando la primera semana de clases durante cuatro años de carrera. Tal vez por ello sea incapaz de aprenderme el nombre de un recién conocido. O tal vez lo primero haya sido por una mezcla de pereza, apatía y desengaño y lo segundo debido a un prematuro síntoma de demencia degenerativa.

En cualquier caso me veo en la obligación de explicar el por qué de este blog. El enésimo que llenaré de párrafos y entradas pero el primero que escribo en solitario. Mi blog. Siempre me ha sonado pedante lo de "Mi blog". Involuntariamente lo he relacionado con un eufemismo que venía a significar "Mi vitrina", "Mi ego en código binario" y en según qué contextos algo así como "Soy la polla, he abierto una cuenta en blogger, admiradme".

El final de mi etapa universitaria (o como se quiera llamar a este engañabobos que es la enseñanza superior) está a la vuelta de la esquina y aunque en absoluto me quejo de falta de trabajo he aprendido que difícilmente en el mundo del periodismo o la comunicación se tiene la libertad para hablar de los temas que a uno le interesan. Así que a eso he venido, a hablar de lo que me salga de los cojones de todo aquello que siempre me ha resultado interesante y que creo puede interesar a alguien más que a mi madre.

En Territorio Pulp tendrán cabida todo tipo de temas relacionados con la comunicación, el cine, internet, la televisión, la publicidad... y también los viajes, las ciudades, los destinos visitados y en definitiva cualquier tema que pueda ser considerado placentero por mi propio criterio. Trataré de compartir cortometrajes, documentales, webs y cositas varias de interés. Y si llama ahora recibirá un póster tamaño Din A3 con mi cara que podrá pagar a cómodos plazos sin intereses. El póster no irá firmado por mi pero tal vez sí por uno de mis representantes.

Como he dicho que odio las presentaciones hasta aquí la entrada de hoy. Soy la polla, he abierto una  otra cuenta en blogger.